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Los genes de la felicidad

El alelo responsable estaría distribuído en mayor medida en Sudamérica y África

 

Que a la pregunta “¿Eres feliz?” los habitantes de Ghana, Nigeria, México, Venezuela y Colombia respondan mayoritariamente “Muy feliz” no tiene que ver con el número de horas de sol de los países donde viven ni con su poder adquisitivo. Un equipo internacional de científicos ha encontrado en el ADN una explicación a los ranking mundiales de percepción subjetiva de la felicidad.

Analizando las respuestas ofrecidas por más de 65 países a la Encuesta Mundial de Valores (World Values Survey), que cada año sondea las creencias, valores y motivaciones de personas de todo el globo, ha salido a la luz una variante de un gen  que se relaciona directamente con la sensación de dicha. En concreto, el título de “gen de la felicidad” le correspondería el alelo A de la amida hidrolasa de ácidos grasos. Esta variante del gen frena la degradación química de la anandamida, un cannabinoide endógeno que aumenta las sensaciones placenteras y reduce la percepción del dolor.

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Imagen: Moyan Brenn

Las naciones con más prevalencia de este alelo, mayoritariamente situadas en América del Sur o en África occidental, son las que se declaran más felices. En el polo opuesto se encuentran los ciudadanos de Iraq, Jordania, Hong Kong, China, Tailandia y Taiwan, con menor prevalencia de este alelo y considerados a sí mismos más infelices. Esta diferencia genética también explica que los norteuropeos, y en especial los suecos, declaren ser más dichosos que sus vecinos del sur y el centro de Europa.

No obstante, de aquí no se deduce que haya que descartar cualquier relación entre el clima y la felicidad. De hecho, que el alelo A sea más frecuente en las áreas tropicales y ecuatoriales de América y África no parece casualidad. “Todo apunta a que en el entorno tropical la selección natural favorece al alelo A, posiblemente para contrarrestar los estresores ambientales a los que se exponen quienes habitan en esta zona del planeta”, concluye Michael Minkov, coautor de la investigación, que también recuerda que la genética influye pero no impide que otros factores, como el estado de bienestar o los conflictos bélicos, hagan aumentar o disminuir los ratios de dicha en una población.

El gen de la sonrisa

¿Te consideras una persona de risa fácil? ¿Habitualmente sueltas una sonora carcajada cuando te cuentan un buen chiste? ¿En momentos hilarantes eres el primero en troncharse? Tus genes podrían tener mucho que ver, de acuerdo con un reciente estudio de la Universidad de Northwestern (EE UU) y la Universidad de Ginebra (Suiza). Las expresiones emocionales positivas, como la sonrisa y la risa, son más frecuentes en personas que tienen alelos cortos para el gen 5-HTTLPR, de acuerdo con el estudio. Dicho gen está implicado en la regulación de la serotonina, el neurotransmisor de la felicidad.

Sin embargo, estas mismas variantes del gen también han demostrado estar asociadas con una mayor sensibilidad a las emociones negativas, e incluso podrían predisponer a padecer depresión. ¿Por qué? Claudia M. Haase, responsable del estudio, explica a OpenMind que “tener el alelo corto no es malo: simplemente amplifica todas las reacciones emocionales, tanto las positivas como las negativas“. En sus experimentos ha comprobado que eso implica que estas personas se ríen más con una película cómica. Y en la vida cotidiana, “una persona con alelos cortos para el gen 5-HTTLPR será extraordinariamente dichosa en un entorno positivo y sufrirá hasta el extremo en situaciones emocionalmente desfavorables”, aclara Haase, que asegura que este es otro claro ejemplo de que la genética “modula”, pero no tiene la última palabra.

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Imagen: Flickr / autor: drwhimsy

La herencia de la felicidad

La influencia entre la felicidad y los genes es recíproca. Del mismo modo que ciertas secuencias de ADN nos empujan a ser felices, un estado anímico positivo afecta a la expresión de los genes, de acuerdo con un estudio de la Universidad de California en Los Ángeles (EE UU) del que se hacía eco la revista PNAS. Sus autores hallaron que la genética de las células inmunes es más favorable en sujetos con niveles altos de lo que se conoce como bienestar eudaimonioco, que es el tipo de felicidad que se deriva de tener un propósito en la vida, crecer, esforzarse por alcanzar objetivos y desarrollar las destrezas propias.

En concreto, este bienestar se asocia a una reducción en la expresión de genes inflamatorios y una fuerte actividad de genes relacionados con la actividad de los anticuerpos y la defensa natural frente a virus y bacterias patógenas. Contrasta con los efectos sobre la salud del placer puramente hedonista, que enfatiza las sensaciones placenteras y la ausencia de dolor, y que según la investigación causa el efecto contrario en el sistema inmune.

Ahondando un poco más, algunos investigadores llegan incluso a sugerir que la felicidad no solo modifica el propio genoma, sino también el de la prole. Cuando nos reímos, se generan endorfinas y otras sustancias químicas cerebrales capaces de producir cambios en nuestras células reproductoras -óvulos y espermatozoides-. Si se demuestra esta hipótesis, podríamos estar heredando, al menos en parte, la perseguida felicidad.

Fuente: Elena Sanz - Ventana al Conocimiento

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